miércoles, 14 de junio de 2023

lunes, 25 de mayo de 2015

UNA PUERTA DE SALIDA.

                   UNA PUERTA DE SALIDA


Habían pasado ya cuatro horas desde que salió de su domicilio, y se encontraba caminando por el parque el Olivar, recién se percató del tiempo, porque al divisar las bancas sintió  que estaba un poco agotado y las piernas le habían empezado a doler. Es curioso, pensaba, pero cuando uno va caminando y pensando en los problemas que lo aquejan no siente el cansancio ni los dolores, solo tiene la mente puesta en esos problemas, hasta poder encontrar una salida. El Olivar de San Isidro, es un parque muy hermoso y muy apacible, el silencio que allí habita hace que uno pueda pensar con mayor tranquilidad y claridad acerca de sus penas o sus desencantos.

Sus grandes olivos dan una sombra que hace sentir la brisa y el olor a verdor, esto hace que cierres tus ojos y aspires ese aire que te remonta a los grandes y hermosos valles de la costa norte del Perú, el aire te trae el olor de las flores y el aroma de las frutas frescas que llegan a ti, te entregan el recuerdo de una niñez lejana en donde el verdor y los grandes algarrobos te daban esa visión que la tienes siempre presente, pero, que solo aflora cuando la brisa te regala esos  aromas maravillosos. 

El canto de los pájaros llamaba siempre su atención porque le gustaba distinguir por el sonido que tipo de pajarito era, pero ahora, ya no lo podía hacer como quizá alguna vez lo hizo en esos hermosos bosques norteños de algarrobos, pensaba así don Daniel, que miraba absorto aquel hermoso parque como si siempre hubiera estado en el.

Ese silencio sobrecogedor del olivar lo seguía llevando de la mano por cada rincón de sus recuerdos, pero de repente el gritar de unos niños, lo volvió a la realidad y recordó nuevamente los problemas que venían destruyendo su corazón. Los niños con su inocencia estaban lejos de todos esos sinsabores terrenales, sus sonrisas le recordaban la suya cuando era pequeño y los gritos de alegría le recordaba a sus hermanos que igual gritaban cuando saltaban corriendo tras una pelota, y evadiendo otras para que no lo golpearan.

Le parecía una cosa casi increíble, el asociar el juego infantil, sus recuerdos de niño, con lo que ahora le estaba pasando,los niños, decía, solo disfrutan su momento, ese momento que tienen para descubrir en ellos mismos que pueden hacer muchas cosas más o atrevimientos que les son prohibidos por sus padres, pero ellos siempre se arriesgan a realizar las más temerosas correrías aún  sabiendo que se lo han prohibido. Ellos hacen esto porque se sienten seguros porque ante cualquier inconveniente, caída, resbalón, hay alguien que siempre esta a su lado y que no va a permitir que se hagan daño. 

Esa seguridad que le dan los padres es lo que a ellos les da la iniciativa de hacer todo sin pensar en el peligro, por que para ellos no existe ni lo conocen hasta que empiezan a experimentarlo con el tiempo. Pensaba así, don Daniel y decía, como no volver a ser niño para estar fuera de todo problema y olvidarme que la vida es dura y que no perdona errores, pero, por que olvidarse de ellos si cuando reaccionas están allí nuevamente torturándote y sin solución posible a la vista, seguía pensando, ahora, ya con pena, don Daniel.


Los autos seguían pasando por la avenida llevando cada uno su pesada carga, de alegrías o de problemas, y pasaban tan raudamente que daba la impresión que todos corrían para encontrar al final de su camino una solución, eso era lo que pensaba María Rosa, cuando al otro extremo de la ciudad esperaba tomar su micro bus que la llevara a su casa. Ella llevaba ya mucho tiempo esperando, pero pasaba uno y otro micro bus y no subía pensando en como darle solución al problema que tanto la agobiaba, desesperada optó por seguir caminando hacia otro paradero para ver si en ese trayecto y pensando lograría encontrar una salida para su problema. Había conversado por teléfono con Carla su mejor amiga a quien le comentó lo que le estaba sucediendo, ella le había dicho que no se atormentara tanto y que fuera a su casa para que pudieran conversas y así poder encontrar una solución  para que la aliviara y reconfortara.

A María Rosa no la convencía el hecho de que su amiga pudiera ayudarla, pues, ella también tenía sus propios problemas,pero sin embargo dudaba, por que sentía que quería hablar con alguien por mucho más largo rato que una simple llamada telefónica. Es por eso que ella no se atrevía a tomar una decisión en ese sentido y prefería caminar para ir ordenando sus ideas y como llegar a una solución que la tranquilizara y que no la angustiara en lo sucesivo.


Recordaba que siempre había sido una persona luchadora, con mucha iniciativa, siempre tomando al toro por las astas, pero, en este caso ella dudaba por que no se sentía segura de todas las soluciones que hasta ese momento había pensado, y se repetía una y otra vez, pero porqué a mi, pero porqué a mi y se sentía desfallecer, pues le parecía que empezaba a ver el final del camino y no podía salir de su problema.

Por fin se animó a tomar el micro bus que la llevaría a su casa, lo hizo parar y subió. Observó detenidamente a cada uno de los pasajeros que estaban frente a ella y los que estaban parados, y pensó, tendrán también los mismos problemas que el mio, y se respondió diciendo, de repente  no son tan graves como el mío, pero deben tener sus propios problemas por la forma seria y adusta en que se transforman los rostros cuando uno va pensando y los gestos de alguna manera afloran y se notan, entonces te das cuenta que cada quién  va encontrando sus propias soluciones mentales antes de llegar a su destino. Un poco más calmada María Rosa se distraía mirando por la ventanilla y se daba cuenta que el mundo seguía su ritmo vertiginoso y que en el se llevaba los problemas de todos e iba colocando las soluciones como en un rompecabezas, pensaba así y se decía, ojala que mi problema también vaya allí para que encuentre su solución.


Los días habían pasado, y el doctor le preguntaba a la enfermera si los pacientes quienes tenían que asistir para que den su autorización para sus respectivas operaciones ya lo habían hecho,para lo cual  Cintia la enfermera de la Clínica San Pedro, le respondió que sí, que las familias y ellos ya habían dado su consentimiento, a lo que el doctor Rentería un cirujano especialista, dijo que estaba muy bien, que era la mejor decisión para ambos casos, y que si todo salía bien, porque las operaciones eran complicadas, esto les daría a cada paciente la oportunidad de seguir viviendo y haciendo una vida normal.

Cuando pensaba en los casos de cada paciente Cintia, no podía dejar de pensar que su lado humano en esta profesión también le recordaba que ella, o su familia, podían pasar por lo mismo y recordaba las veces en que había-atendido y conversado con don Daniel sobre su caso y la forma como el encaraba este problema, porque, en realidad si era un problema y además cuando se es padre y se tiene una enfermedad que depende de una operación para definir si vives o no, es lo más doloroso del mundo, se decía Cintia, y no cesaba de recordar cuando don Daniel le conversaba acerca de sus hijos y de su esposa y de lo sola que podía quedarse si Dios se lo quería llevar tan rápido.


Era una decisión difícil,  vivir con su enfermedad dos o tres años y darle a su familia lo mejor de el, o arriesgarse a una operación en donde las probabilidades de éxito eran remotas, pero al fin, era un riesgo,por que de salir bien, viviría hasta que la vejez le dijera hasta aquí nomas.

Este era el problema que venía destruyéndolo, pero había algo en lo que no se había aferrado, y era su fe, la fe que todo lo puede, la que te da fortaleza y coraje para enfrentar cualquier problema. Don Daniel se aferro entonces a esa fe y decidió tomar el camino del riesgo y prepararse y preparar a su familia para este doloroso momento, fue lo que le dijo don Daniel a Cintia cuando fue a su cita, y tenía razón dijo ella.
Sabía que la operación de un tumor cerebral era muy complicada, pero, tambien sabía por la confianza que tenía en los médicos, que había algo más que les daba esa confianza, y a el, la seguridad de volver a abrir los ojos para ver jugar algun día a sus nietos, sentarlos en su regazo y poder ver que la vida no es tan difícil de llevarla si tienes fe en tu corazón.


Imbuida en sus pensamientos María Rosa, volvió a recordar el problema que la atormentaba y la decisión que debería tomar y comunicar a la Clínica para que puedan darle la fecha de su operación por insuficiencia cardíaca, pensó mucho en su esposo y en sus hijos,y lloro, lloro para sus adentros como nunca antes lo había hecho, hasta que las lágrimas empezaron a brotarle ya que sabía que la operación era de alto riesgo. Se secó las lágrimas aspiró con fuerza y fue como si hubiera ingresado a sus pulmones y a su cuerpo una esperanza que empezaba a decirle que volvería a ver a su familia, y esto le daba mucha más fuerza y hacía que el temor que la invadía retrocediera para dar paso a esa esperanza que empezaba a darle la confianza que necesitaba para no angustiar mas a los que más quería en su vida. 

Fue entonces que decidió que debería operarse y comunicar su decisión, puesto que su esposo no quería que la operaran por el alto riego que esta tenia, y por que no quería que María Rosa los abandonara así de esta manera,existía un gran temor en el, el de perder a quién era la compañera de sus días durante los dieciocho años que llevaban de casados.


La clínica programó la operación de don Daniel y la de María Rosa para el mismo día, información que les fue dada por los especialistas para que pudieran preparar las salas de operaciones, comunicar a los pacientes y sus familiares para darles la fecha y hora de las intervenciones.

Este fue un caso muy curioso el que ocurrió, pues las dos operaciones fueron programadas para el mismo día y a la misma hora, y en salas contiguas del tercer piso dela clínica. Esto casi no ocurría nunca y hasta existía una especie de acuerdo de que no se deberían programar dos operaciones a la misma hora, pero sin embargo,pasó ¿cómo? por ahora no lo sabemos, pero si, la coincidencia dio mucho que hablar en la clínica que nadie se atrevió a decir que esto estaba mal, solo deseaban que estas salieran bien, dado que los médicos,las enfermeras y el personal no médico, se identificaban mucho con el dolor y la angustia de las dos familias que estuvieron con ellos acompañándolos durante muchos meses en sus respectivos tratamientos.

Recostado en su cama y viendo un viejo álbum de fotografías, empezó haciendo un largo recorrido por lo que había sido su vida desde que era joven con una gran fortaleza física y siempre con un entusiasmo que se reflejaba en cada foto que se había tomado en todas las etapas de su vida, eran tantos los años que pasaron desde que fue joven, que recordaba y empezaba a ver gráficamente lo que la vida le estaba dando. El entusiasmo en el y la perseverancia que tenía, era herencia de su madre, quien era una mujer sumamente alegre, jovial, entusiasmada con cada actividad que realizaba, pues nada la detenía, sino, hasta lograr el propósito que perseguía. Fue de ella de quien don Daniel heredó esa forma peculiar de enfrentar la vida con pasión, con perseverancia y paciencia, y sonrió por que recordó en sus actitudes la fortaleza de su mamá, y allí fue donde el encontró esa fuerza que ahora necesitaba para enfrentar ese nuevo reto que la vida le ponía por delante y que el la veía como una prueba más en el duro transitar de la vida. En cada foto que veía el encontraba no solo un recuerdo sino una enseñanza que le fue dejando cada una de las experiencias que vivía así como tambien la comunicación permanente que mantenía siempre con su madre. Ensimismado en estos recuerdos don Daniel no había escuchado que su esposa le llamó y lo encontró absorto en sus pensamientos diciéndose para si mismo, que su vida hasta ese momento había sido muy buena, pues tenia todo lo que el había anhelado y soñado junto con María Esther, la compañera de su vida. Pero, al mismo tiempo se decía que no era justo abandonarla en un momento como ese, en que ya los hijos empezaban por dejar la casa para formar sus propias familias, era eso lo que prácticamente lo animó a tomar la decisión de operarse, seguir viviendo y hacerse mucho mas viejo al lado de su querida María Esther.


Su esposa le comunicó la decisión de la clínica en la programación de la operación, y con lágrimas en sus hermosos ojos se abrazó a el, y en segundos pasaron por la mente de ambos los veintiocho años que llevaban juntos y felices. El silencio lo dijo todo, el abrazo amoroso les daba el ritmo que sus corazones le ponían a la angustia que cada uno sentía por lo que iba a pasar ya en una fecha definida. No se dijeron nada, solo se recostaron en la cama y veían las fotos de la historia de sus vidas, y sus pensamientos se fusionaron por unos instantes que se hicieron eternos, para irse diluyendo con ese tiempo vivido que los hicieron muy felices, fue entonces que sus ojos se fueron cerrando ya por el cansancio y lo pasado de la noche, pero, todavía con sus lágrimas rodándole por sus mejillas.


Consciente de lo que estaba pasando, ella se vio rodeada de su familia quienes la acompañaban y la seguían hacia la habitación que le habían reservado en la clínica y prepararla para la difícil operación. María Rosa sentía que las lágrimas querían brotarle, pero se contenía con todas sus fuerza para no angustiar más a su amado esposo y a sus queridos hijos. Sentía que su delicado corazón se le comprimía aún más, quiso mirar a sus hijos por última vez, pensó, pero se dijo por que por última vez, no, no! voy a mirarlos fijamente y no tengo porque pensar de esa manera, porque se que en mi tengo una gran esperanza de un largo viaje, si, pero con toda mi familia para conocer mejor las provincias de mi tierra, así que ha desechar esos malos pensamientos y a darles coraje a los míos para que no se pongan demasiados tristes, pensaba María Rosa y empezó a conversar y a sonreír con ellos, pues quería que esa fuerza que sentía la sintieran tambien los suyos para que tengan el  valor de saber esperar y comprender que una esperanza es una llama de fuego eterno. Pensando esto y con los recuerdos de su esposo y sus hijos se fue durmiendo esperando el momento en que todo esto haya pasado.


Cuando la familia salió del ascensor y se dirigió a una habitación, el ya sabía que estaba en el tercer piso y estaba camino a la sala de operaciones. Al ingresar observó una especie de reflectores que le hicieron recordar las salas de operaciones de las series de televisión que le gustaba ver, y se sintió como un actor más en esta sala dispuesto a entregar su mejor actuación, así pensaba don Daniel, cuando se encontró ya en la camilla principal de la sala de operaciones. Era una habitación grande que parecían dos cuartos juntos, sus paredes eran blancas y brillaban más aún por la buena iluminación que tenían para una sala de esa naturaleza, escuchaba las voces de varias personas, unas que daban ordenes y otras yendo de un lado al otro, pero una voz si era inconfundible y era la del doctor Rentería, la cual lo sobresaltó, y como un haz su cerebro lo transportó a cada uno de los rostros de sus seres queridos, recorrió en un instante muchos de los momentos más felices que habían vivido y se alegraba de ver en ellos una sonrisa siempre en sus rostros, porque sabía que esa voz era el inicio de algo. De pronto sintió que su cuerpo no pesaba y sentía que flotaba, iba sintiendo mareo que le decía que la anestesia que le estaban suministrando estaba haciendo efecto. Los recuerdos de su familia se fueron borrando poco a poco, mientas entraba en un sueño profundo.


Se sintió llegar a la sala que tanto temor le daba que cuando sintió la mascarilla en su rostro solo pedía dormirse pronto para alejar sus pensamientos y olvidarse delo que iba a suceder en unos minutos, pero, María Rosa quería mantener solamente dentro de si la esperanza, esa esperanza de la que se estaba aferrando que era la oportunidad que necesitaba para ver en su familia nuevamente la felicidad, puesto que desde que empezó su sufrimiento su familia también empezó a sufrir con ella y solo esperaba que toda esta pesadilla terminara de una sola vez. Lo último que recordó antes de cerrar sus ojos fue la habitación grande y blanca de la sala de operaciones y de repente todo se hizo nada y no hubo más pensamientos ni recuerdos.


En la clínica las dos salas empezaron el trabajo preparatorio de los pacientes, en una sala el Doctor Rentería y en la otra el Doctor Salas, quien operaría a María Rosa.
Ambos tenían la seguridad que iban a poner en practica todos sus conocimientos en estas operaciones que no eran nuevas para ellos, pero que sin embargo, sabían que cada operación tiene sus propias implicancias y riesgos.
La operación de un tumor al cerebro, avanzaba en la sala uno, la familia de don Daniel esperaba en el recibidor del segundo piso, nerviosos y angustiados, sin percatarse que las otras personas que esperaban en el mismo piso a unos cuantos metros de ellos eran los familiares de María Rosa que también se veían muy preocupados porque la operación al corazón que le hacían era muy peligrosa.

De repente algo sucedió, sobresaltado, con el rostro desencajado, asustado y de no saber que hacia allí, se encontró don Daniel en una gran sala, todas las paredes eran blancas y estaba vacía, no había nada ni nadie, solamente el. Una brillante luz blanca iluminaba aquella habitación en la que el silencio era absoluto, don Daniel se preguntaba que es esto, donde estoy, quiso gritar, llamar a su esposa y a sus hijos, pero se dio cuenta que su voz no emitía sonido, habría la boca, sus labios se movían pero no salía sonido, solo tenía sus pensamientos. Asustado se pregunto que es lo que había pasado, que era esa sala blanca, por qué el silencio, abre muerto, esto es el cielo o una sala de espera, recorría la sala de un extremo al otro, de súbito se dio cuenta que esa sala solo tenía una puerta, y presentía que esa era solo la puerta de entrada, pero seguía caminando y buscando y no encontraba la otra puerta, quiso probar e ir a la única puerta, pero sentía que una fuerza extraña se lo impedía, no podía caminar hasta esa puerta de entrada que era la única que había visto. Don Daniel se desespero quiso gritar pero el sonido del grito no salía, gritaba con todas sus fuerzas abriendo la boca pero seguía sin sentir el sonido, y se daba cuenta que cada vez que gritaba de esa forma se iluminaba más la sala y esto lo asustaba mucho más. Trato de calmarse un poco y se preguntó por que no había una puerta de salida y se respondía diciendo que quizá ya todo había terminado y que allí se quedaría para siempre. Una extraña sensación lo invadía que no sabía como describir, pero, lo que pudo tranquilizarlo por un momento fue la fe que tenía, y recordaba lo que le había dicho a María Esther, que tenga fe, que nunca se deje derrotar si tiene fe, esto lo tranquilizó y decidió esperar.


Entre pensativo y asustado se paseaba don Daniel por la luminosa habitación, se encontraba solo, solo como el único hombre sobre la tierra, sin nadie que lo escuche o que lo vea, solo esa luz blanca que cada vez lo perturbaba más. Distraído en sus pensamientos y sobresaltando cada vez que la luz de la sala cambiaba de intensidad, se asustó mucho más cuando la luz se empezó hacer mucho más intensa y no había a donde huir, adonde ir, y asustado corrió a un rincón de la sala y de repente vio lleno de pavor como una figura de un ser humano empezaba por hacerse visible, no terminaba de salir de su turbación, cuando vio la presencia de una mujer, se asustó, corrió a la altura de la única puerta que había, volteó y horrorizado reparó que la mujer que estaba parada tambien estaba asustada y se notaba hasta pánico dibujado en su rostro. Ninguno de los dos quiso moverse de su ubicación, cruzaron una mirada y nunca se habían visto. En ese momento don Daniel quiso gritar algo pero su sonido no salió, y de súbito escucho que esta persona le respondió ¿como dijo? el se espantó y no creía lo que estaba sucediendo, podía escuchar hablar a esta persona, y fue cuando le preguntó ¿quien es usted y que hace aquí? María Rosa que no sabía lo que estaba pasando dudo en responder y a su vez preguntó, donde estamos ¿que es esto? por favor dígamelo, esta usted muerto, don Daniel le respondió, porque me dice si estoy muerto, de donde viene usted, no se cuanto tiempo llevo aquí, llegué a una clínica para ser operado y ahora me encuentro aquí. Sobresaltada María Rosa, le responde yo también vengo de una clínica y me estaban operando y no se si estoy muerta o no mi esperanza no se puede acabar aquí y así, de esta forma sin saber donde estoy. 

Aturdido todavía por esta experiencia don Daniel le respondió que el no sabía lo que estaba pasando que estaba igual de asustado que ella y solamente sabía que la fe que llevaba consigo era lo único que tenía y confiaba todavía en obtener respuestas que le dijeran donde se encontraba. Ambos se acercaron entonces un poco mas, y se vieron los rostros sin muestras de temor o sobresalto, eran rostros de pasividad de tranquilidad, solo se miraron y cada uno vio además en el rostro del otro, el rostro de la esperanza y de la fe, y se dijeron es esto el cielo o la sala de espera. Fue entonces que con estupor María Rosa gritó, y le dijo, mire, mire ¿que le esta pasando? sus piernas están desapareciendo, Oh¡ Dios Mío! don Daniel miró hacia sus piernas y vio que no las tenia, entró casi en pánico, y se preguntó ¿que me esta pasando? ¿no puede ser? no me puedo ir así, ¿por favor dígame que esta pasando? María Rosa quería llorar pero no podía, solo observaba lo que estaba ocurriendo y asustada se dijo, y si me pasa lo mismo y desaparezco y dijo gritando, No, No! no puede ser, no puedo morir.

En la sala de operaciones después de casi ocho horas de intervención, esta se había puesto difícil y el Doctor Rentería hacía denodados esfuerzos por estabilizar los signos vitales de su paciente.
En la resplandeciente sala blanca don Daniel dio un grito y le dijo a María Rosa, mire! mire sus piernas tambien están desapareciendo y muy rápido, ella se miró ya casi aturdida y dijo, ya todo se quedó aquí..., pero en ese momento don Daniel dijo, mire, mire, se esta abriendo como una puerta, que es? ¿que esta pasando? mire, mire! parece una puerta, parece una puerta,, vaya corra, corra, salga, salga, pero, ella no podía correr, y el, con las piernas que casi habían desaparecido empezó a llegar a aquella puerta por la cual ingresaba una luz blanca muy intensa, y con una desesperación tal, que mientras más se acercaba, la luz se hacía más intensa y sentía que este haz de luz lo jalaba, hasta que súbitamente como si fuera un suspiro salió, y en la sala solo quedó María Rosa con un desasosiego que le partía el corazón, pues se miraba y veía que no solo ya no tenía las piernas sino, no veía su cintura ni su estomago y seguía desapareciendo. La potente luz blanca que se llevó a don Daniel no volvió a aparecer y María Rosa se quedó confundida, turbada, porqué no sabia que es lo que iba a pasar, y sobre todo que no sabía donde se encontraba. 

Eran casi las cuatro de la tarde, el sol bañaba esa parte de la costa del distrito de Miraflores, pegado a su malecón había un parque muy hermoso dedicado al amor, la vista del mar desde allí era impresionante, se veía las playas de Lima en esa parte de la Capital y el panorama era sumamente bello, las parejas que por allí paseaban miraban ese espectáculo y en su pasión de amor se maravillaban con un beso que se daban como respuesta, por que lo que se apreciaba desde allí era solamente pura poesía, y esto lo sabía don Daniel que ya había tenido la experiencia de pasear por esa parte de la ciudad. De la mano de su querida María Esther se paseaba orgulloso de sentirse plenamente enamorado y correspondido por un amor que lleva veintiocho años de existencia y que ese panorama playero le daba a las palabras con que describía todo lo que observaba, la melodiosa armonía de la poesía. Ambos se pusieron a mirar al horizonte y después de un breve silencio, don Daniel le dijo a María Esther, este mar es hermoso y fíjate allá hasta donde esta el horizonte y nuestra vista se pierde, hasta allá llega la fe, que perdida con la inmensidad del mar no tiene comparación alguna con lo que tu sientes allí en tu corazón. Esa es la fe del amor, la fe de creer la fe de sentirse vivo y de vivir para los que quieres y amas con infinita ternura, así como nos hemos amado desde cuando éramos jóvenes, así seguiremos amándonos en esa fe que todo lo puede y que todo lo da, te amo María Esther y amo a los hijos que me has dado con infinita pasión. Don Daniel emocionado por sus propias palabras se agachó un poco y le dio un beso a María Esther y le juró amor hasta que la muerte los separe.

Habían llegado al cementerio y antes de ingresar compraron varios ramos de flores en homenaje a quien le había dado la vida, amor, y las mejores enseñanzas a los hijos que amó. Eran las cuatro de la tarde y a esa hora el sol calienta quema y broncea como en la playa.
Las personas que llegaban caminaban de un lado al otro buscando el lugar exacto de la tumba que venían a visitar, no se ve pena en los rostros, sino alegría, de quien va al encuentro de alguien que no vez en mucho tiempo. Cada rostro que se miraba, denotaba un tipo de alegría diferente, cada quién sonreía de una manera casi misteriosa, era alegría por el reencuentro, felicidad por que se podía hablar nuevamente con el ser querido, allí frente a su tumba. Así era, cada quién tenia su forma muy peculiar de hablar con quien se fue, como aquel violinista que interpretaba una melodía andina, en ese momento se sentía nostalgia al escucharla, pero a la vez era una forma de recordar con cariño a aquella persona que una vez te dio todo su amor, eso era lo que se entendía de ese tipo de expresión artística llena de cariño al llevar música a quien tanto amaste.

Con toda la familia reunida Carlos Andrés, esposo de María Rosa, había preparado con anticipación esta visita al cementerio, estaba acompañado además de sus tres hijos, María Alejandra, la mayor, le seguía Carlos Daniel y la última Rosa María. El se sentía orgulloso de tener una bella familia que habían luchado junto con el durante la enfermedad de su esposa, sabía por todo lo que habían pasado y sufrido, pero hoy estaban allí en el cementerio para agradecer a alguien de la nueva vida que tenían por delante.

Mas emocionada por todo lo que había venido viendo y escuchando camino al cementerio, María Rosa se sintió complacida que toda su familia la acompañara para rendirle un homenaje a su madre y a la abuela de sus hijos por todas las enseñanzas que ella le dio, y por haberle inculcado siempre que la esperanza es la única mano que te queda de apoyo cuando ya todo lo terrenal se agotó. Así pensaba María Rosa, quien sonriendo feliz con su amado Carlos Andrés y con sus hijos se pusieron frente a la tumba de su madre y con solemne devoción mirando su tumba le dijo, mamá, hoy he venido con mis hijos, tus nietos, para decirte que nunca olvide lo que con tanto amor me enseñaste siempre, que nunca me doblegara ante nada, que debía persistir siempre en mi esfuerzo por salir adelante, y que si de alguna manera las cosas fallaran no debería perder nunca la esperanza, por que ella es la mano del ángel que te lleva de regreso a encontrarte con los tuyos y con lo que te has propuesto, para que salgas airosa siempre de todos los problemas, mamá, en estos penosos meses en que me ha tocado vivir angustiada por mi enfermedad, se que has estado a mi lado dándome la fuerza necesaria para vivir y que la mano del ángel de la esperanza fue tambien tu mano la que me ayudo a creer, a tener esperanza, y hoy madre, he ganado algo más, he ganado la fe, la fe de creer en lo que puedes lograr, y eso lo aprendí, si te lo cuento no me lo creerías, por eso hoy te hemos venido a decir gracias por todo lo que nos has dado y por todo lo que hoy llevamos en nuestro corazón, al encontrar siempre una puerta de salida cuando la esperanza y la fe, o la fe y la esperanza van siempre de la mano. 
Arrodillada ante la tumba, llama a Carlos Andrés, su esposo y le dijo, amado mío, deseo que esta nueva vida que tengo, aprendamos  a disfrutarla todos juntos, unidos con mamá en cada celebración, y que en todas las cosas que emprendamos juntos, llevemos la esperanza de la mano que es el amor más duradero que hay entre nosotros.

Agarrados de las manos empezaron a salir del cementerio sin que nadie pronunciara palabra alguna, solo el tibio beso que María Rosa le dio a su esposo, pudo despertar la emoción y la alegría de los hijos, de ver que en sus padres una nueva vida renacía.

                              Hego Arrunátegui Espinoza: 25 DE MAYO DEL 2015







sábado, 16 de mayo de 2015

EL DESPERTAR.


                        EL  DESPERTAR    


Era un desarrollo aparentemente nuevo, tenía una calle principal de una cuadra
 y pasando la pista a la derecha, otro cuarto de cuadra. Las demás calles  se alineaban paralelas a la principal, y después de tres calles llegaban a un parque que no  tenía mucho césped, tenía mucho más terreno, esta urbanización estaba encerrada entre tres  avenidas, una de ellas conducía a la más importante calle que iba de Lima al Callao.                                                     

Sus casas eran generalmente de una sola planta y la gran mayoría contaba con un solo  modelo, daba la impresión de que fueran bloques de dos, ya que solo los separaba  un muro de apenas un metro de altura, por lo que los vecinos siempre llegaban  a cada momento . . . Eran viviendas de tres dormitorios con un gran salón que remataba en un   pequeño jardín interior. El pequeño muro que separaba las dos casas servía de  asiento donde vecinos y amigos se sentaban a charlar. Casi no había  tráfico de coches, por lo que la pista se utilizaba casi siempre para partidos de fulbito, voleibol  o tenis de cancha que se jugaban con los pies sobre dos bloques de cemento.


Las familias que vivían en esta nueva urbanización procedían de varios lugares de la capital,  habían dejado sus antiguos barrios y se mudaron a este, comprando las casas para  hacer una vida mejor. Otros venían de las distintas provincias del país con la  esperanza de mejorar su propia condición y dar a sus hijos la oportunidad de una  vida mejor en la capital. Cada familia tenía su propia historia llena de innumerables  vivencias, recuerdos imborrables dejados en cada uno de sus lugares de  origen, o en cada una de sus tierras, recuerdos que se hacían imborrables al  pasar, en los que cuando se presentaba la oportunidad siempre recordaban su antiguo barrio o  su tierra eterna.Fue interesante escucharlos hablar con tanta emoción sobre sus vidas dejadas  en esos lugares, estaban tan emocionados de que te metieras en esas historias y parecía que nosotros también formábamos parte de ellos. Cuando los mayores se reunían por la noche y contaban estas historias, los más jóvenes se quedaban a escucharlos porque siempre contaban estas historias de apariciones, de almas que vagan por los pueblos, de fantasmas y espíritus que vagan por las calles, eran tan entretenidas que a veces  los los vecinos se quedaban hasta altas horas de la noche contando sus historias, y así cada familia se conocía un poco mejor.


La mayoría de las familias tenían un promedio de seis hijos, pero también había familias numerosas como mis vecinos de la izquierda que eran siete, los de la derecha estaban con primos y todos, ocho, y mi familia no se quedó atrás, éramos ocho. , sin contar los antiguos. Las edades de los niños variaban, pero en cada familia siempre había vecinos de mi edad, niñas y niños de quince, dieciséis, diecisiete años, y los mayores de veinte o veintiuno que ya eran mayores de edad. Todos teníamos con quien hablar, bromear o jugar, pero cuando se organizaba una reunión para ir a la playa o unas fiestas, allí nos reuníamos todos y las reuniones y fiestas eran verdaderas oportunidades para divertirnos, bailar, modelar y hasta enamorarse, ¡oh! ¿para enamorarse? ¡Oh, no!


Era él, un chico divertido, muy alegre, hablador, era el que siempre nos buscaba para salir a jugar o charlar, era el que tocaba la puerta de las casas de nuestros amigos y se los llevaba salir a la cuadra a charlar o hacer planes donde ir y pasar un buen rato. No era ni alto ni bajo, su piel era morena clara, pelo lacio, a veces un poco enredado y muy negro con unos rizos que le llegaban hasta la frente, tenía unos ojos grandes y muy expresivos, que parecían hablar con ellos, era carita triangular y siempre sonreía apenas lo veías, siempre hola, como estas! qué hay de nuevo y tus palabras siempre favoritas, ¿qué hacemos hoy? nos dijo que se podía hacer cualquier cosa, tenía dieciséis años, estaba terminando el cuarto año de secundaria, era aplicado, emprendedor,


Un día Pedrito, uno de los chicos más chicos del barrio, fue a casa de Víctor, otro vecino, para decirle que las chicas los llamaban para hablar de una fiesta. Así, como a las seis de la tarde nos encontramos con siete chicos y seis chicas del barrio, encabezados por Lucía que era quien movía a las chicas de nuestra edad, entre quince y diecisiete años. Nos dijo que hiciéramos una fiesta para el fin de semana, para que pudiéramos asistir, pero también para ayudarlos a organizarla. La idea no estaba mal, todos nos emocionamos, menos Alex, que dijo, pero ¿por qué una fiesta? mejor porque no vamos al cine? Y dijimos casi todos al unísono, queremos fiesta y ya. Él insistió, pero Úrsula, una de las chicas más lindas de la cuadra, le dijo, de repente no quieres participar porque no sabes bailar, y todos nos echamos a reír. igual que Alex, pero, en esa sonrisa había algo escondido que no lo demostraba, sin embargo por dentro sentía miedo, y sí, era cierto, no sabía bailar, pero sabía disimularlo muy bueno y la cosa no se intensificó y entonces dijo, sí, está bien, no hay problema, y ​​cuándo va a ser esa “fiesta” que Lucía le dijo que querían hacer el sábado en su casa. Todos aceptaron y todos recibieron una responsabilidad para ese día. Fue entonces cuando Lucía le dijo a Alex, quiero que me ayudes a decorar la casa, Alex respondió medio asustado, ¡sí! pero por qué yo, no puedo! me contestó, es que no vas a hacer nada, entonces te necesito Alexito, y quiero que estés a mi lado, ¿de acuerdo? dijo Lucía sonriendo, y Alex no tuvo más remedio que aceptar, y en su cabeza se preguntó mil veces, para qué querría que me fuera, Tal vez no pudo elegir a Luisito que siempre habla de ella como un tonto. Y así negándolo, salió a pasear por el barrio con su inseparable amigo Andrés, que era un año mayor que él y que le gustaba otra chica de la cuadra llamada Carmela.


El día de la fiesta, Alex se despertó preocupado por lo que iba a hacer si no sabía bailar, pero de repente dijo, lo sé, no hay problema si no saco a bailar a nadie, nadie se dará cuenta, así que asunto cerrado y esperar a que llegue la noche para ir a casa de Lucía.
Esa tarde Alex la pasó en casa de Karina, quien tenía otras dos hermanas y que tenían un año cada una, con ellas escuchó música de moda toda la tarde, porque siempre compraban lo último, una melodía que era su favorita era la que decía sugar sugar , y otra que decía como llovía en el sur de California, eran unas niñas muy lindas, y a Alex le gustaba estar con ellas porque eran liberales, más abiertas en sus formas de hablar y porque siempre le hablaban de su otro barrio al que venían , y de las palomilladas que habían hecho con sus amigos. Como eran nuevos en el barrio y vivían en la cuadra anterior separados por una vía transversal, no eran amigos de los chicos de la otra cuadra, por eso no los invitaron a la fiesta, mejor para mí, dijo Alex, como que tendré que bailar con ellos.


Por la noche sorprendió a Alex comprando unas cositas en la panadería del barrio, y allí se encontró con su amigo Andrés quien le dijo que había estado con las chicas nuevas y que se había divertido mucho escuchando música, contando chistes y escuchando cuentos de su antiguo barrio, pero Andrés, me dijo, ¡oye, por qué no los invitas! así las hubiésemos conocido a todas, además de que están muy bien, Alex le dijo que no se le había ocurrido, pero le dejó una duda y no era la primera vez que la escuchaba cuando decían que las chicas estaban "bien", Alex solo entendía lo que era la amistad y lo que significaba ser un buen amigo, pero había cosas que yo aún no entendía porque era demasiado joven para eso.


Llegaron las amigas una a una, las primeras en llegar fueron las niñas, Carmela, Úrsula, Nancy, Susana, y de repente encontramos toda la casa llena y todos se pusieron a bailar menos yo y las niñas que estaban “planchando” casi siempre se la pasaban sentado, pero "observándolo todo". 
Alex se sentía feliz porque hablaba con todos, bromeaba, animaba, hacía bailar a la gente, pero él no bailaba, y como todos lo veían animando la fiesta, no se fijaban mucho en que no bailaba, aunque no todos. , porque había una chica que lo miraba y parecía estudiarlo en todo lo que hacía, esa chica era Lucía. Alex la miró de reojo porque ya había notado esas miradas extrañas de su amiga. Hasta que llegó el momento en que pusieron una balada para bailar, lento, muy lento, y la mirada de Lucía buscaba con insistencia a Alex, hasta que lo encontró y le dijo, hola Alex, ¿bailamos?, él se quedó en silencio y se dijo: pero, eso sí, las chicas no deberían sacar a los chicos a bailar y sobre todo una balada, lenta. Notaste que estaba muy pálido y algo asustado, a lo que le dijo Lucía, ¿cómo? ¿Es verdad que no sabes bailar? y eso molestó un poco al anfitrión de la fiesta, y para no quedar mal, dijo con firmeza, ¡sí, a bailar! Como los dos eran casi del mismo tamaño, le rodeó el cuello con los brazos y apretó su cuerpo con el del pobre Alex que empezó a temblar, sus piernas parecían de goma y su corazón latía a cien por hora, no sabes que le pasaba al pasar, ni siquiera entendía lo que sentía con ese cuerpo pegado a él, entonces Lucía le dijo, cálmate Alexito, te voy a enseñar todo, solo déjate llevar y disfruta la canción. Alex la había tomado por la cintura y prácticamente la seguía en el ritmo que le estaba dando a su cuerpo. Sentía cosas raras cuando bailaba así, mientras escuchaba en su oído que Lucía le decía, ahora bailamos toda la noche,
Ese sábado había comenzado a ser el peor de su vida para Alex, de un salto había sido catapultado a un nivel de sensaciones extrañas que lo inquietaban y que no sabía cómo responder a ellas.


Después de esa fiesta, Lucía siempre trató de estar de acuerdo con Alex cuando salía a la panadería o al mercado para tener la oportunidad de hablar con él, fortalecer su amistad y ser mejores amigos, al menos, eso era lo que Alex pensaba de lo que quería. lucia Pero ella no pensaba así, ni sentía así, en ella era algo diferente, sentía por él, no solo un cariño amistoso, le gustaba su alexito, sí, le gustaba, y de ahí se enamoró. en el amor solo había un paso, y creo que a ella solo le quedaba medio paso.


Después de una semana me enteré que mi amigo Andrés estaba enamorado de ella y ella se lo acababa de declarar en la fiesta de ese sábado que nunca olvidaré, hasta que un buen día los encontró en el parque caminando de la mano, ellos se acercó, se saludaron y los tres empezaron a caminar, todo iba bien cuando en un momento sintió que la conversación se convertía en un diálogo de miradas entre sus dos amigos, así que se despidió y se retiró a otra de las calles.
Caminaba despacio, pensando ¿por qué siempre tenía que encontrarse con Lucía, y por qué ella siempre lo buscaba? quería encontrar las respuestas, pero no las encontraba porque Lucía era su amiga y solo eso lo inspiraba, la amistad y nada más, por eso no podía entender lo que ella quería de él.


Alex se sintió extraño porque le dio la impresión de que se despertaba para saber cosas que no había vivido antes, pues ya se había acostumbrado a encontrarse con Lucía a todas horas e incluso acordar ir a su casa por las tardes a escuchar música. y conversación. 
Fue una de esas tardes que Lucía le dijo que el sábado a partir de las seis de la tarde todos en el barrio iban a los juegos mecánicos que habían venido a la zona a divertirse un poco, ella le preguntó si iba y Alex respondió si, y fue en ese momento que Alex vio que ella estaba feliz y le contó de todos los juegos a los que iban a entrar. En ese momento ya estaba entendiendo muchas cosas sobre las intenciones de su amigo, pero dijo, ¡no! lo que será, y no le importaba mucho.

Llegando el sábado salimos un grupo de más o menos veinte amigos del barrio, entre ellos mis hermanas, a los juegos que había en Chacra Ríos, cerca de nuestro barrio, llegamos y empezamos a subir cada uno de ellos, lo cual fue muy divertido de risas, gritos, chillidos, bromas, gritábamos cada vez que subíamos a cada uno de estos partidos. Todo hasta ahí era pura diversión, disfrutaban aún más de su poder, hasta que no sé a quién se le ocurrió meterse en un juego que era una especie de cabina muy grande que daba vueltas completas hasta colocarse en la cabeza, la gente quien entró gritó con todas sus fuerzas no es por miedo o por la extraña sensación que experimentaba al dar vueltas completas.


Cuando nos tocó nuestro turno entramos todos y Lucía hizo todo lo posible por sentarse al lado de Alex, lo cual logró, él la miró de reojo y ella se veía muy feliz. Cuando el aparato comenzaba a dar sus primeras vueltas, todos gritaban y ahí se notaba que los primeros gritos eran de miedo, pero los siguientes estaban llenos de diversión, y todos enloquecieron por esta experiencia, y se tomaron de las manos para darse más coraje Alex al lado de Lucía experimentó lo mismo, pero no era lo único que iba a experimentar, bueno, Lucía en un momento en que todos gritaban, volteó a su izquierda donde estaba Alex, y comenzó a besarlo y no lo hizo. soltarse como si el pobre Alex fuera a soltarse o salir corriendo, se sorprendió tanto como varios de sus amigos y sus hermanas que se dieron cuenta, porque cuando bajaron todos los miraron y se rieron en secreto del tremendo manto, y de lo que habían visto. En el camino de regreso al barrio Alex caminó como un autómata, no sabía si lo que había pasado era amistad, gusto o lo que siempre escuchó, amor, o de repente un capricho o una demostración para los demás, pobre Alex, todavía no No entiendo ese momento mágico.
Pero lo que Alex no sabía es que le había gustado esa demostración de lo que había pasado, por Dios, en fin, le había gustado y había despertado en él, de repente, ese cosquilleo y ese gusto de que algo te agrada y que si ellos dan con gusto, tu también lo disfrutas con gusto.


Una sensación tan agradable como la que había sentido Alex, no podía quedarse solo así, así que al día siguiente fue a casa de Lucía, salieron y hablaron de todo, se miraron a los ojos, se miraron a los ojos. bocas y cuando oscureció y empezaron a despedirse, ella se acercó a él y le dio un gran beso en sus inocentes labios que él aceptó y que fue tan suave como las nubes en el cielo, y que ambos con los ojos cerrados se soltaron de su imaginación y se trasladaron al mundo, al único mundo donde existe y vive la felicidad humana llamada amor, no sólo por un beso sino por varios que Alex repitió y saboreó como si fuera la ambrosía de los dioses, hasta que Lucía abrió su gran ojos llenos de brillo y dijo, todavía suspirando, bueno Alex, hasta mañana, y ella no dejó de mirarlo hasta que cerró la puerta,Alex se quedó ahí varios minutos pensando en lo hermoso que había sido besar a alguien y sobre todo que ella era su amiga, para quien desde ese momento comenzó a latir en él un sentimiento diferente que ya no era solo amistad sino que se había convertido en el primero. el amor y el despertar a una nueva vida para dejar atrás la inocencia perdida con miedo y placer al mismo tiempo.

En un día como hoy: 16 de mayo de 2015



                               Hego Arrunátegui Espinoza









         


lunes, 24 de noviembre de 2014

LA ESTACIÓN DEL BUS.

                 
LA ESTACIÓN DEL BUS

 Dieron las doce de la noche de aquel viernes que terminaba casi sin darme cuenta y lamentando que haya sido "tan corto" pues así me lo pareció, pero, mi mente no quería saber nada mas, sino solo recordar, que era el final de un gran día y de una exquisita felicidad que me hizo sentir como un muchacho de dieciséis años que esperaba siempre el día siguiente para seguir siendo feliz a su manera. Me sentí así, feliz en el albedrío de esos años jóvenes sin responsabilidades todavía, pero, con una ganas tremendas de buscar nuevas experiencias.


Era el amanecer de un día primaveral, un mes había pasado desde ese veintitrés de septiembre de inicio de esta bella estación, me dormí pensando como fue el día anterior, me costó dejar de pensar en ese hermoso viernes, como olvidarlo si fue un día con un bello amanecer y gran brillo solar, que hacía ver las calles con unos colores excelentes que te invitaban solo a disfrutar de aquel día, en el que solo sentirías felicidad.



Ese día salí  de casa directo al paradero para tomar el bus que me llevaría a mi trabajo, era un  paradero común pero ese día estaba "lleno" de personas que por sus formas de vestir era natural que estuvieran vestidos de acuerdo a cada responsabilidad del trabajo que tenían, había una chica, que ya la "conocía" pues casi todos los días compartíamos el mismo paradero, solo nos mirábamos para saber si cada uno estaba allí a su hora, ella siempre vestía elegante, era una elegancia que la distinguía mucho de las demás chicas que allí esperaban, siempre vestía con falda corta, un saco o una chompa, casual pero, elegante, que la hacía ver como toda una princesa, muchos la miraban, pero, yo más, incluso las demás chicas que estaban también en ese paradero volteaban a mirarla, porque ellas siempre llevaban uniforme, el clásico sastre con tela de terno de hombres, con su chalequito para el frío en plena primavera.



Su rostro era bello, de facciones delicadas, hermosos ojos grandes almendrados que solo los tienen las latinas, resaltaba en ella sus cejas, tenían una curvatura tan delineada que parecía que la habían pintado y ella se las puso para completar ese bello cuadro de hermosura humana que me tocaba mirar todas las lindas mañanas, ella tenía un perfil embrujador que resaltaba mucho su linda naricita, un tanto curvada y unas mejillas casi color rosa, que hacían un bello cuadro con sus labios pintados de un bello color rojo que resaltaban el corazoncito que se formaba al centro de sus labios, lindo su corazoncito, pensaba.



La observaba para mirarla de frente a los ojos, pero, ello solo sucedía cuando segundos antes de abordar su bus, daba un elegante, fino y suave giro, con una pequeña sonrisa en la comisura de sus bellos labios rojos, era allí, en donde por milésimas de segundo podía admirar sus encantadores ojos, que eran como si te hablaran, y me decían, chau, hasta mañana,y yo encantado con ese desborde de coquetería permanecía casi como pegado al suelo como para no permitir que esos hermosos segundos de mirada no se esfumaran de mi mente tan rápido.



Permanecí algunos minutos en ese paradero creando una y mil fantasías con aquella chica de los grandes ojos almendrados, que ya se había marchado, pero me dejó la sensación de haberla conocido en algún otro lugar, sin embargo, casi presionaba a mi memoria que recordará, y aún así nada, habrá sido en otra vida, me dije, y desperté de aquellos minutos de tierna felicidad para subir al otro bus del metro con su mirada en mi mente.



El bus avanzaba raudo y las conversaciones de la gente en ese interior eran de las más diversas, todos a un destino casi común, el centro de labores, o de estudios, pero cada uno tenia su propio mundo y quizá, también sus propias fantasías y sus propias preocupaciones. Pero, de repente,  Oh, no, me había pasado de mi paradero, eso nunca me ocurría, pero, era una realidad, tanto pensar en la chica del paradero que ya me perturbo y ni siquiera pensé en donde debía bajar, ah, no, pensé, eso si que no, creo que no es para tanto, esa chica estaba llenando mi mente con su linda sonrisa su mohín de coquetería, su bello rostro y su escultural anatomía, pensé y me dije, bueno regresaré al lugar de mi paradero y me iré a trabajar, eso si con la chica de la falda corta y hermosos ojos en mi mente ¿como la podía olvidar? si después de este día, solo tenia que esperar el inicio de la siguiente semana, para volver a esa locura de ver la belleza de una mujer en un bello rostro y esperando un nuevo amanecer, pero, para qué? solo para mirarla? creo que si, era eso, solo para mirarla.



Con un cuarto dominado por una luz penetrante me levanté sin ninguna premura, uy, que rico he dormido me dije, he soñado cosas tan bellas que hoy es un nuevo día y también hermoso, el sol se veía esplendoroso, entraban sus rayos por las ventanas y parecía que estaba en el paraíso, era una hermosa mañana de primavera, de esa estación que no me deja tranquilo y que me hace pensar y fantasear, pero de repente me dije, la chica del paradero! salté de mi cama y no sabía adonde ir , al ropero, no al baño, no, al comedor, caramba estaba nerviosaso, era la hora de salir para ver a la chica del paradero, corrí al interior e ingresé a la ducha, como alma que persigue el diablo, abrí la llave y el agua fría cayo como rayos de luz blanca en mi cabeza, cerré mis ojos y deje que la frescura del agua me despertara completamente, sentí esa rica agua correr por mi cuerpo como en cámara lenta, sentía sus gotas como cosquilleo en mi piel, era tan dulce aquel momento me me imaginaba haciendo lo mismo a mi chica del paradero, que? la chica del paradero, oh, no? me dije, apúrate, y salí mas rápido que bus del metro en paradero y volví a mi dormitorio, abrí la ventana, y de repente vi que al frente de donde vivía, se preparaban varios muchachos y gente ya adulta para jugar en la canchita que estaba frente a mi casa, que cosa? me dije, y a estos que les pasa, porqué quieren jugar un día como hoy, están locos! locos? no!! ellos no eran los locos, el loco era yo! y no era día de chamba, era domingo, si domingo, noooo!! no puede ser, se me esfumó la ilusión, en un día tan hermoso con un sol esplendoroso y a ella no la podría ver, una pena, era domingooo, así que de nuevo me eche en mi camita y a seguir esperando que se acabe el domingo, porque entre viernes y domingo, es como si hubiera pasado toda una vida.



Esperando que termine ese domingo ingrato, salí a comprar algunas cosas y sobre todo los diarios, o sea, todos los diarios, para tenerme muy ocupado y no pensar en nada más, lo divertido de leer todos los diarios era que hay varios con puras notas sobre farándula, que tal tipo de escándalos, increíble que con tantos problemas que tiene el mundo, los personales parecen más importantes. Pero dejando esto a un lado, salí a dar una vueltecita y calentarme un poco con los rayos del sol que iluminaban un día que en realidad si se veía de lo más espectacular, sin darme cuenta que el tiempo se pasó como "volando" y la noche me sorprendió con la calma el silencio y luego la inspiración de los sueños que se hacen hermosos y solo cuando despiertas  vez que no son una realidad, fui directo a la camita y a esperar el siguiente día.



El ruidoso timbrar del teléfono dio inicio al nuevo día, que no se veía tan brillante, era un amanecer nublado, de cielo gris, clásico de los inviernos limeños, pero, este, no era invierno, estábamos en primavera y todo estaba gris, muy gris, no se veía un buen día con un clima de primavera ni como para decir, más tarde habrá brillo solar, no, hasta hacía un poco de frío en plena estación "caliente".



Sin embargo, a pesar de todo esto, sentía una extraña sensación y un corazón que me latía un poco más rápido, que era eso? no se, pero creo que era un estado ansioso, por esperar algo que estaba por empezar, y era a la chica del paradero, noo! para que lo dije, ahora todo empezó a ser más rápido, asearme, cambiarme, tomar desayuno, hacer una llamada y salir presto hacia la avenida y al paradero.



A lo lejos el paradero se veía casi lleno de personas, algo inusual, pero para mi no estaba tan lleno si solo buscaba a una persona, y allí estaba, de espaldas, con su porte elegante, alta, con su cabellera larga, muy lacia, muy bien peinada y con un vestido completo, sin blusa, claro, que caía por su cuerpo casi esculpiendo sus formas, si, era la chica del paradero, pero esta vez algo llamó mi atención, ya no llevaba la cartera debajo de su brazo, más bien observé que tenía una maleta de esas que se llevan al aeropuerto, con rueditas para jalar, oh! Dios mio, me dije, y ahora que pasará, era rara la situación fuera de todo lo común, de tantas veces verla parada esperando y ahora como si partiera para algún lugar lejano.



La observe cuidadosamente, hasta que ella se percató que ya estaba allí, dio medio giro, y pude ver su rostro en la inmensidad de su belleza, era muy bonita, ojos hermosos mirada "habladora" hermoso cabello bien cuidado lacio pero con ciertas hondas a los lados, su cabello no era negro, era un poco brillante, un tanto castaño claro, parecía que se lo había aclarado, y se veía mucho más hermosa, para mi sorpresa me sonrió, y me entregó en esa bella sonrisa toda la coquetería y sensualidad de una mujer, era una mirada y una sonrisa como para que me quedara en la mente, toda mi vida, su sonrisa mostraba unos bellos dientes muy blancos, casi perfectos y sus labios me mostraban abiertos ese corazoncito que parecía el suyo mismo. Ese medio giro se convirtió en un giro completo y me entregó la figura y la finura de una hermosa reina, no atiné casi a nada, estaba atónito, pero de repente 

ella empezó a caminar hacia mi, y yo, petrificado, ya muy cerca me repuse de tamaña impresión y me dijo, Hola! con esa sonrisa cautivadora, y le respondí, hola! ella me dijo,creo que nos hemos visto por mucho tiempo, y tu me has mirado tanto como yo, y eso nos hace ya no solo conocidos sino desde ahora amigos, yo le dije, si, así es, cada mañana ha sido un despertar muy diferente, viéndote y esperando que algún día pasara esto, ella respondió y me dijo, si, a mi me pasaba igual, eres un chico muy especial, pero ahora solo quería despedirme de ti, pues, viajo al extranjero y no creo que regrese, pero no te olvidaré, te recordaré, y te recordaré siempre, como el chico del paradero, me quedé sin hablar por varios segundos y le respondí, oh, que pena, me había acostumbrado a verte todos los días, y si, eres como un sueño, un sueño hermoso, y parece mentira, pero, también te llamaba la chica del paradero, ha sido para mi un tiempo muy hermoso y ten la seguridad que nunca te olvidaré, y le dije además, te recordaré así, con tu bella sonrisa y tus hermosos grandes ojos almendrados, ella, me respondió y me dijo, yo he sentido lo mismo, si, eres un chico muy especial y ten la seguridad que no te olvidaré, y te recordaré siempre, como tu lo dices de mi, como el chico del paradero, y yo seré para ti, la chica del paradero, adiós amigo, adiós amiga, le dije, y espero volvernos a ver algún día, ella respondió ojala que sea así, dio media vuelta, giró para darme su última sonrisa y se marchó, y yo me quedé por siempre en mi corazón, con la chica del paradero.

En un día cómo hoy, 24 de noviembre del 2014


                                              Hego Arrunátegui Espinoza






                                        


sábado, 22 de noviembre de 2014

UN SUEÑO VERDADERO.

               
             UN SUEÑO VERDADERO


Había despertado esa mañana con la claridad que el sol refleja en mi ventana, parecía ser una claridad diferente a la de otras mañanas, la habitación se lleno de ese resplandor que para mi era nuevo, lo cual me llamo poderosamente la atención. Me gusto ver mi habitación con ese nuevo color   que le daba este  nuevo amanecer, pero al mismo tiempo pude percatarme que no solo era esa nueva sensación de claridad, sino que había en mi, una nueva sensación de entusiasmo, de una alegría que empezaba por darme cierto sentido de bienestar de alivio, con unas ganas tremendas de levantarme y salir a conquistar el mundo. Que extraña sensación, pero así me sentía, así que decidí dejar llevarme por esas sensaciones, esa alegría y ese nuevo amanecer que esa mañana me daba la oportunidad de sentirme diferente y empece por alistarme así que me senté en mi cama, mire el que para mi era un nuevo dormitorio, sus paredes celestes le daban un color parecido al cielo cuando esta despejado, el estante de los libros me parecía que había vuelto a pintarse pues su pintura resplandecida  al igual que los libros que parecían el arco iris distribuido en los diferentes niveles. Algo estaba pasando pues al ser todo diferente, pensaba, algo tenía que cambiar ese día. No espere mas y decidí levantarme me prepare para salir, pero con esa sensación de que las cosas serian  diferentes ese día, con un amanecer tan hermoso y con ese regalo de entusiasmo y alegría extras, entonces, pensé, nada podría salir mal hoy.

Hacia meses que había estado buscando una oportunidad para encontrar el camino que me guiara a hacer lo que realmente me gustaría emprender, y pensé que desde este día algo cambiaría. Camine cerca de media cuadra y me encontré con Ruben un amigo del barrio, se le notaba preocupado, y conforme se me acerco me saludo, suspiro profundamente y lo escuche.

§ Sabes tengo un problema, y quiero que me ayudes, es con       Carla
§ Pero si ustedes están bien, que ha pasado, dímelo haber           en  que te puedo ayudar
§ Tu sabes que ella es muy celosa y hoy me vio conversando       y luego despidiéndome de Susy,  y lo peor es  que ella  iba       con su papa en el auto,  me miro y no me saludo.
§  Te entiendo, le dije, pero voy a buscarla y conversare con       ella para que no sigapensando otra cosa que no es, porque yo se que Susy es nuestra amiga y que haya sido tu            enamorada antes  no implica que estés obrando  mal

Me despedí  de Rubén y seguí caminando para dirigirme a la casa de Carla, me sentía diferente sabia que podía ayudar a Rubén, pero para mi era raro que el se me hubiera acercado para pedirme que intercediera por el, cuando  siempre  resolvía  sus problemas, pero aun así decidí  ayudar un poco, pensando en lo que Carla estaría imaginándose y lo molesta que estaría. Ella era amiga mía desde hace mucho, y fui yo quien se la presento a  Rubén, por eso es que me atrevía  a conversar con ella.

Me demore un poco en el trayecto recordando muchas cosas  que me hubiera gustado hacer  hace mucho , ayudar a mis amigos escucharlos siempre, estar allí con ellos cuando tuvieran un problema, quería ser el mejor amigo ,pero a veces eso no  sucedía  así. Pero hoy algo pasó, Me pidieron ayuda como antes nunca había pasado, y me alegre que fuera así. Imbuido en mis pensamientos  no me percate que casi ya estaba en la puerta de la casa de Carla, me detuve un momento en la puerta  suspire un poco aliviado pero con la fortaleza y las ganas de solucionar un problema. Toque el timbre e inmediatamente salio  Carla, mi amiga de siempre, Hola me dijo, que milagro, sus grandes ojos siempre fueron muy expresivos, tenían un color marrón muy claro  y cuando sonreía parecía que la primavera  estaba llegando, porque ella siempre era muy alegre, pero en esos ojos grandes también  podía ver un poco de tristeza. Ingrese a su sala y le dije directamente, me encontré con Rubén  y me dijo  que lo habías visto con Susy cuando venias para tu casa ¿.así? me respondió ella, y su rostro lleno de alegría por un momento cambio de repente, percibía decepción en ella, engaño, quizá, por lo que había visto y se apresuro en juzgar. Me dijo ¿para eso has venido?, yo le respondí, si, es que Rubén no merece una mala interpretación de tu parte por el solo hecho de haberlo  visto con Susy, con ella , es igual que yo,  solo amigos y no te debes dejar llevar por apariencias  que al fin de cuentas te están  llevando a dudar de el, que tu sabes es muy honesto, lo otro quedo en el pasado, y creo que ambos son lo suficientemente maduros para que  puedan confiar el uno en el otro, piensa las cosas con claridad y no juzgues  solo por una apariencia, además te digo que Susy tiene enamorado  y es amigo nuestro, y como tu no lo sabias te diré que es  Carlos, y tu lo  conoces muy bien.

Los grandes ojos de Carla se iluminaron y pude notar  que regresaba en ella todo el amor  que sentía por mi amigo, sonrió y me dijo,” gracias, creo que necesitaba que alguien me dijera esto  por que me estaba volviendo loca desde que lo vi.”. En ese momento sentí de repente como si por mi cuerpo pasara electricidad  y sobrecogiéndome, me invadió una alegría inmensa de poder haber permitido que dos de mis amigos  no se distanciaran por algo que tenia una solución  rápida y era hablar, y no llenarse la cabeza de dudas sobre  hechos que no eran como a veces  nos los imaginamos. Me despedí de Carla  y me dijo que iba a llamar a Rubén  para conversar  con el, y que nunca mas dudaría  de su cariño.

Feliz y aliviado por este hecho seguí caminando por aquella avenida  por la que tantas veces había andado y andado, recogiendo  historias de tantos amigos  con los cuales compartía,  momentos de alegría  y a la vez de  infinita nostalgia  de otros tantos amigos que ya no vivían en este distrito  que como Pueblo Libre tiene mucho de especial, porque aquí conocí  el primer amor  verdadero y muchos otros recuerdos que solo este suelo te lo puede ir contando con cada paso que das y con cada avenida y calle que recorres. No  había calle en la cual  no me encontraba siempre con alguien conocido, o con uno de mis entrañables  amigos o amigas. Al voltear por una de las calle me encontré con uno de los tantos  hermosos parques  que tenia Pueblo Libre, ingresé en él recordando todo lo que  estuve conversando con Carla y de la forma como se había arreglado todo para ella. Distraído por estos pensamientos  no me percate  que ya a escasos metros se encontraba sentada una persona , era un chico por la forma de vestir, no lo distinguía porque tenia los brazos apoyados  en las rodillas y sus manos sosteniendo su cabeza, en una clara actitud de derrota de decepción o de un grave conflicto personal. Me quede  parado a esa distancia  y retrocedí para sentarme en una banca, atónito por ver ese cuadro que me conmovió  y a la vez me asusto, por que me hizo recordar los problemas  que tanto daño me habían causado hace algún tiempo. Era doloroso ver ese cuadro casi de derrota, como que todo termino allí y ya no hay nada que hacer, pero de repente aquel chico se incorporó en la banca y con la cabeza todavía agachada seguía en una actitud pensativa. Para mi sorpresa quien estaba en esa situación era uno de mis amigos a quien siempre iba a buscarlo a su casa para conversar, en ese momento no supe que hacer, pero mi interior me decía que debía  hablar con el así como el siempre tuvo palabras de aliento para mi, pensé que ese era el momento para devolverle tanto calor de hermano que siempre tuvo conmigo. Era mi  amigo Pedro con quien tantas veces habíamos conversado y de quien tantos consejos había recibido, que lo recordaba con mucho cariño, es por eso que me sorprendía el estado en que lo veía, me preguntaba que era lo que le podía  estar pasando, que siempre pensé que lo tenia todo, estudiaba Economía   en la Universidad , tenia diecinueve años, era alto, su rostro reflejaba la bondad  que a veces todos quisiéramos tener, sus ojos tenían siempre una mirada fija pero a  veces se le denotaba tristeza, daba la impresión que  el hablaba con los ojos por la forma  como los fruncía, los arrugaba,  era un chico muy especial para todos los que lo conocíamos que no cabía en mi que el tuviera algún problema.

Pensé mucho como preguntarle que es lo que le pasaba, pero sin  mediar mas, me acerque, y le dije - hola Pedro- ese solo saludo lo sobresalto, imaginé cuan absorto estaba en sus pensamientos que mi saludo casi lo catapultó del asiento, sorprendido aún, me dijo - hola, me asustaste, es que estuve pensando en algo  que me tiene muy preocupado, nunca hasta ahora lo había experimentado, pero el problema es que hay problemas en mi casa y tengo que ponerme a trabajar- lo difícil- me dijo Pedro, - es que no se en que puedo trabajar, es por ello que he estado caminando y llegué  al parque  esperando que algo pasara o algo me dijera lo que voy  a emprender- Pedro, le dije, tu me has ayudado bastante durante  mucho tiempo y voy a tratar de buscar   en que te puedo ayudar, aunque no se me ocurre nada pero algo a  de salir y con la ayuda de Dios creo que podrá haber una solución.

En ese momento me puse a pensar lo doloroso  que es estar en una situación como la de Pedro, la vida golpea tan de  repente que no sabes que hacer ni a quien recurrir. Parecía mentira pero esa mañana iba cambiando y el día se hacia  mucho mas bello, el sol iluminaba el parque y le daba a los árboles una extraña luminosidad, las flores  que lo adornaban parecían un arco iris  que inundaban de color ese momento especial, por que me daba la impresión que algo bueno iba a pasar. De repente  recordé  que mi profesor de economía en la Universidad me había dicho que vaya a buscarlo al ministerio de Economía para ver la posibilidad de que trabajara  y que debía llevar a un compañero por que necesitaban a dos personas.  Inmediatamente  me le acerque a Pedro que se había parado para caminar un poco y le dije,- ¡mi hermano, ya se, tengo la solución, ya tienes trabajo,- ¿Qué?- me respondió Pedro totalmente sorprendido, y le dije,- ¡si!- Te acuerdas del profesor Carrión de economía- si me respondió Pedro- pues el me citó para el lunes para que vaya con un amigo para un trabajo en el Ministerio, para trabajo de economistas- .
-Como yo no puedo ir, por que ya le avise  a  Ernesto, tu eres el segundo que puede ir, además ya he conversado con el profesor y me dijo que le dijera quienes eran los que iban a ir  para comunicar a personal del ministerio para su aceptación. Así que Pedrito mi amigo ya tienes trabajo y ahora allá en el ministerio pagan bien por el trabajo que van a realizar, además van a estar a cargo del profesor y el los va a supervisar  para que ustedes puedan realizar después sus prácticas profesionales. Que te parece Pedro, que dices, le pregunte- Pedro con el rostro cambiado por la alegría, saltó y me abraso, y me dijo- eres el mejor amigo, sabía que algo bueno iba a pasarme el día de hoy después del problema que se me presentó, gracias, mi hermano, gracias, nunca pensé sentirme tan contento y tan lleno de esperanza. - Sabes mi hermano- le dije- hoy es un día muy especial, no sé pero todas las cosas parecen diferente hoy  y lo que me acaba de pasar creo que forma parte de este momento especial, y  creo que tu eres parte de el- .

En mi interior sabía desde muy temprano que  en esa mañana  el día era diferente que algo estaba pasando, y con lo de Pedro me seguía dando cuenta que las cosas que antes parecían difíciles ahora todas estaban teniendo solución, pero¿ porque?, me preguntaba, hasta que Pedro me interrumpió y me dijo que no iba a olvidar ese momento nunca y que siempre estaría agradecido, solo atine a decirle que  no era nada y que el era mi amigo y que yo siempre lo iba a necesitar, nos dimos un abraso y nos despedimos.

Seguí caminando y lo único en que pensaba era lo magnifico que uno se siente cuando  da ayuda a los demás, cuando te das cuenta que la alegría es un sentimiento tan hermoso, que lo sientes a  la vez en los  demás, y a la vez es contagiosa, porque te invita a ser parte de ella, aún a pesar de tener algunos problemas.
Recordé que esa mañana al levantarme todo había empezado a ser diferente, desde el resplandor que ingresaba por mi habitación hasta los diversos colores con los que se  iluminaba mi cuarto, creo que esta mañana empezó a ser diferente desde que me dormí, pues enseguida, creo que empecé a soñar, pero soñaba cosas que antes había esperado sucedieran  pero que nunca   se habían hecho realidad, aunque muchos de esos sueños formaban parte de mi vida y de las cosas que ansiaba. Ahora podía  ver que algunas de aquellas cosas que soñaba se estaban haciendo  realidad tal y como yo quería, que era el de ayudar siempre y quedar bien con las personas  a quienes les  extendía  mi mano.

En uno de mis sueños me  veía trabajando con jóvenes, pero a la vez mi sueño me presentaba a una familia, en donde podía ver a la esposa y a sus hijos, varón y mujer aún eran pequeños pero los veía feliz.  Esta familia se encontraba viviendo en una especie de quinta-pequeños departamentos unos frente a otros- mas bien, eran cuartos, con un solo servicio higiénico para tres familias.  Todo esto era como un sueño, pero lo sentía tan real que a veces me turbaba por todo esto pero al mismo tiempo me decía, por algo será. 

Una tarde me veía caminando por una de las calles de Miraflores y me encontré con Manuel un amigo de mi barrio- ¡hola, le dije que haces por acá!- El me respondió- ¿Qué tal?  tiempo que no te veía!-  -Si así es el mundo, muy chico, en cualquier lugar nos podemos encontrar, le respondí, en cuestión de segundos lo observé y lo note un poco triste, mas bien desanimado, y así no lo conocía, siempre fue una persona muy alegre conversadora, con una alegría contagiante, que verlo de esa manera me empujo a preguntarle - ¿en que piensas, que te pasa, en que te puedo ayudar?- Fueron tantas preguntas que creí que lo estaba asustando, pero el con toda la confianza que tenia conmigo, me dijo- mira tu sabes que hace tiempo salí del barrio, me casé y ahora tengo dos hijos, tengo una buena familia, pero lo que  me mortifica es no poderles dar un alojamiento adecuado, por ahora vivo en una quinta con tres familias más, y no deseo seguir así, yo se que puedo darles mejores comodidades, pero sólo estoy esperando la oportunidad y estaré ganando un sueldo mucho mejor, pero por ahora no me siento bien con lo que les estoy dando- Miraba a Manuel con la fortaleza con la que me hablaba, y sobre todo que tenía la esperanza que esto  podría cambiar, y yo estaba seguro que así seria, porque  el siempre había sido una persona emprendedora. Fue entonces que recordé mi sueño el de la esposa con sus dos hijos en una quinta, me pareció asombroso, pero  me di cuenta que Diego no quería seguir viviendo en esa zona que me había imaginado, y recordé entonces  que un amigo mío que era dueño de una empresa me había dicho que si conocía a alguien de confianza para alquilarle una  casa que tenía, que era un alquiler  casi simbólico porque quería  que alguien cuidara también de la casa que estaba dejando por que se estaba mudando a otra casa que había comprado. -¡Manuel!- grité, tan fuerte que mi amigo se asustó, y me dijo, -¿Qué pasa?,- ¡encontré la solución , alégrate- le dije, ya tienes donde ir a vivir y es una buena casa en un barrio muy bonito- Le conté lo que mi amigo me había dicho. El se puso tan feliz, que dijo, ¡yo sabía que algo muy bueno me iba a suceder este día y creo  que así ha sido! Le dije -¡mira espera un momento hago una llamada telefónica y te confirmo lo de mi amigo  y si no hay ningún inconveniente le doy tu nombre para que vayas a hablar con él y te puedas mudar inmediatamente!- Así lo hice, hablé con mi amigo y todo fue  tan rápido que Manuel tenia que mudarse al día siguiente. Solo escuché palabras de agradecimiento y buenos deseos para mi, de parte de mi amigo, y me dije, este momento no lo voy a olvidar nunca, el se siente tan feliz, como yo por haberlo ayudado.

No  olvidaba que me vi trabajando con  muchos chicos, pero grande era mi duda, porque no entendía que era lo que pasaba, pues todas las cosas que estaban sucediendo ocurrían todo en esa mañana, pero que a su vez esa mañana tenía sus días y sus tardes y sus días siguientes y todo, pero mas me gustaba, porque  me sorprendía.  Era todo tan intenso en ese día que la adrenalina me invadía de pies a cabeza, esperando que otras cosas puedan suceder de la misma manera, que tenga una solución para todos y a la vez gozar de la felicidad  que sienten mis amigos  y contagiarme de ella. Respiraba profundamente y un alivio se esparcía por todo mi cuerpo, era  como decir tarea cumplida, he ganado, y soy feliz porque los demás lo son.

Era una visión de todo lo que había soñado, quería que 
éste fuera un mundo diferente en donde los problemas encontraran siempre una rápida solución, y que aquellas personas que nos ayudaban a dar las soluciones fueran como ángeles que nos traían las cosas buenas. No dejaba de pensar  y preguntarme si esto era  parte del futuro que debería vivirlo o sencillamente un sueño del cual no podía despertar pensando que era realidad. 

La tarde se iba haciendo  menos calurosa y el resplandor del cielo anaranjado del atardecer  me despertó un poco de mis pensamientos, de tanto caminar por las calles de Miraflores había llegado sin querer al parque Salazar que esta frente al mar, un parque de muchos recuerdos de tantas idas y venidas, que tenia grabada en mi mente cada uno de sus rincones  y cada forma de ver la costa verde  limeña y el inmenso mar, tan inmenso como mis recuerdos y mis sueños.  Era un hermoso atardecer las  nubes se iban desplegando a ambos lados del sol  lejos en el horizonte   y cada minuto que pasaba era un espectáculo maravilloso, una puesta de sol que solo te queda  en el pensamiento y que solo se ve una vez en la vida. Los colores se hacían intensos  y las sombras hacían lo suyo en ese hermoso cuadro que asemejaba  una pintura, pero hecha sólo por ángeles, porque tanta hermosura que era casi indescriptible sólo  era de los mejores impresionistas, Claude Monet, Pissarro, Degas, Renoir, Manet, que pintaron la belleza que existe en nuestro mundo tal y conforme ellos la veían, así como yo la veo ahora.  Aletargado por tanta fascinación  y ya con el atardecer acabando, decidí regresar  por donde había venido  para seguir preguntándome - ¡que hermoso es soñar despierto y ver tanta belleza en un solo instante!, éste era un hermoso sueño que quería seguir viviéndolo, ¿pero era un sueño realmente?
En realidad, creo que no lo sabía, eran tantas situaciones y tan sorprendentes que todo me parecía casi increíble que estuviera sucediendo, pero, aún así, disfrutaba de cada suceso que venia ocurriendo porque era lo que siempre había “soñado”. Casi no me había dado cuenta que había caminado  durante cuatro horas  que me llevaron por varios distritos de  la capital que me sorprendí cuando  estuve frente al Hospital de la seguridad social, Edgardo Rebagliati. Mire el inmenso edificio y me quedé absorto pensando  en la cantidad de personas que habían internadas en ese  hospital, casi podía leer sus pensamientos, pidiendo ayuda para mitigar el dolor físico de sus enfermedades. Era curioso, me daba la impresión que allí dentro existía otro mundo, uno que no quisiéramos conocer, porque me imaginaba a gente que había salido de sus hogares para con el dolor de sus familiares  recuperarse de sus enfermedades, pero que de alguna manera dejaban ese mundo familiar para  integrarse a otro mundo diferente, el del dolor el sufrimiento, y de repente, quizá, el último lugar en donde estarían, pues, ya no volverían a casa. Eran terribles pensamientos los que  empezaron a inundar mi cerebro y era difícil estando frente al hospital no pensar en todas las personas allí dentro, pero, algo llamo mi atención, las calles al frente del hospital y sus adyacentes parecían diferentes a las que había conocido hace años, algo había pasado, había edificios nuevos, las calles eran mas anchas, había un pequeño parquecito a un lado de las calles que no estaba allí antes, me daba la impresión  que habían pasado muchos años para que esos cambios se hayan producido. Estaba desconcertado, la gente me parecía diferente, vestía de otra manera, la música que se escuchaba en los restaurantes era otra, y allí si dije, - ¡no! Estoy soñando, con esto de esa música nueva, no,  si. debo estar soñando. Quería despertar pero mis ojos estaban bien abiertos, entonces qué era lo que estaba pasando, así que decidí seguir caminando e ir viendo todo lo que estaba sucediendo en este nuevo mundo del futuro, pues así lo creí.
El hospital seguía llamando mi atención, algo me decía que debía entrar, así que me dirigí hacia la puerta de entrada aún desconcertado por todo lo nuevo de las cosas que había visto. Camine por un largo pasadizo hasta llegar al edificio principal, sin saber realmente que esperar, ya todo era tan confuso, en mi mente, que la realidad contradecía lo que pensaba, de pronto , escuche mi nombre, alguien me llamaba, casi con desesperación, me volví, y entonces me encontré frente a Tito un amigo de mi barrio, al que no veía en años, pero que sin embargo , ya no era el mismo físicamente, había cambiado bastante, se le veía  de mas edad, su cabello ya no era tan largo como antes, ni sus ojos casi verdes y alegres no eran como hace años, cuando, solíamos salir a las casas de nuestras amigas, ya no eran los mismos ojos, parecían tristes, tenia la barba crecida , no por que era un detalle en él, sino que estaba descuidado y no se había rasurado. ¡Hola, mi hermano!, me dijo y me dio un abrazo, le respondí de la misma manera le sonreí, y le pregunté que había sido de su vida, y que es lo que hacia en el hospital. Al mirarlo a los ojos, me pareció como que veía en él pasar casi toda una historia, el ir a su casa a buscarlo para salir  a conversar a pasear a la casa de nuestras amigas, que eran muchas, pero que hubo una a la que  recordaba bastante, y era Adelina, mi mejor amiga, a quien  yo lo había presentado, y de quien Tito era su enamorado. Eran tantos años los que habían pasado pero todo lo recordaba con nitidez como si hubiera sido ayer. De pronto  Tito, me despertó de un  momento de silencio, y me preguntó, que hacia  en el hospital, así que le dije, mira, empecemos por ti ¡que haces tu aquí, que es lo que esta pasando, te veo diferente, como de más edad, y te noto muy asustado. El me respondió y me dijo, -lo que estoy pasando es terrible, desde que me casé con Adelina, ella ha tenido problemas de salud muy graves y ahora esta internada, esta muy mal y la van, a operar- al escuchar esto me sobresalté, lo que dijo empezó a darme vueltas en la cabeza, no recordaba que se había casado con Adelina, mi mejor amiga, a la que siempre visitaba, cuando era una adolescente, con quien reía al contarnos todas nuestras travesuras  y experiencias, escuchábamos música y nos quedábamos en su casa hasta pasada la medianoche, ella era  mi amiga a quien quería como a una verdadera hermana, mucho mas que eso, era mi confidente, le contaba todo. Lo que me dijo Tito me asustó de tal manera que mis ojos se enrojecieron y se quisieron llenar de lágrimas, pero me contuve. – entonces le volví a preguntar a Tito si podía ir con el a visitarla y el me dijo que  sí,- le va a alegrar el verte si es que esta despierta, yo se que son grandes amigos, vamos, ya es hora, subamos al piso. 

Camino al ascensor y rumbo al octavo piso del edificio, no podía dejar de pensar, como era todo esto posible, eran muchos años que no los veía a ambos desde su matrimonio  que ya empezaba a recordarlo. Cuanto tiempo había pasado, no lo sabía y eso me intrigaba, y no sabía tampoco como me veía el a mi, por que su conversación era de los mas natural, como si me hubiera visto ayer. Así que le pregunté- dime Tito, y como esta la familia, como están sus hermanas,  me respondió y me dijo,- mira en este  momento mis hijas están con mi suegra y sus hermanas deben estar por llegar- ¿¿Qué! me dije, sus hijas, cuales hijas, si la ultima vez que lo vi fue en su matrimonio, ¡que estaba pasando!, en eso quedé interrumpido, el ascensor paró y salimos  para dirigirnos al cuarto donde se encontraba Adelina. Me sentía demasiado asustado, en ese momento recordé, algo, siempre soñaba con ella, y la veía enferma, muy mal, me llamaba para que fuera a verla y conversar, pero sobre todo recuerdo que en esos sueños, yo quería despertarla  de un largo sueño y de un  mundo donde ella quería estar, y no la dejaban. Me llamaba siempre, y soñaba también que iba a ir a visitarla para ayudarla con mis bromas a salir de ese estado de abandono que provoca, lo que ahora ya sé, la depresión. Tito, me interrumpió, y me dijo aquí es, aún con el corazón que me  latía  aceleradamente y asustado, ingresé con el al cuarto. Me sentía como perdido, en otro tiempo, que lo que había deseado durante mucho, que era ver a Adelina, se me estaba cumpliendo, y me daba la impresión que no solo era una simple visita sino que presentía que esa iba a ser una despedida, como lo había soñado durante mucho tiempo.- ¡ Tranquilo, no te asustes, porque te has puesto pálido, creo que las cosas  van a salir bien, se como la quieres, así , que tranquilo, amigo!- me dijo Tito, Ingresamos al cuarto, lo primero que vi fue a una enfermera que se aprestaba a retirarse con un carrito lleno de medicinas, inyecciones y tubitos llenos de sangre, pidió permiso al salir. El cuarto estaba  medio obscuro, una luz muy tenue venia de una  lámpara pequeña de hospital, sentía un gran silencio, era un cuarto en donde había una sola paciente, una cortina de plástico, aparentemente cubría la cama en donde se encontraba mi amiga. En ese momento en mis pensamientos yo la recordaba siempre sonriente, festiva, con sus grandes ojos expresivos que denotaban una alegría inmensa, la recordaba, cuando se reía en forma escandalosa y eso me hacia reír a mi mucho mas, era una chica divertidísima, así la recordaba y así esperaba verla con esa sonrisa por lo menos que me recordara los momentos felices de nuestra adolescencia.

Mi amigo Tito corrió un poco la cortina, se inclino le dio un beso, y le dijo- hola amor ¿como te sientes? escuché que ella le respondió, muy mal, muy mal! Al escuchar su voz me estremecí, era la voz de mis sueños y la voz que en mi adolescencia hablaba tanto conmigo, que mi cuerpo se puso trémulo, y mi mente ya no sabía que pensar. Entonces, escuché que Tito le dijo, - he venido con alguien que no te imaginas quien es, y creo que te vas a alegrar, ¡mira es Diego!- entonces me acerque, mi corazón empezó a latir mucho mas rápido, y era como si alguien me lo estrujara, sentí en ese momento un dolor tan inmenso, al ver a mi amiga, mi hermana del alma, mi confidente, la alegría de mi adolescencia, en un estado muy doloroso, delgada, demacrada, con sus ojos muy tristes. Se sobresaltó quiso sentarse en la cama pero no pudo, me acerqué, casi llorando por lo que había visto y sentido, me incline,  le di un beso y le dije, ¡hola Adelina!, como te he extrañado y  he soñado tantas veces volver a verte, que hoy te encuentro aquí, en este hospital. ¡Oh Adelina querida! 
que te ha pasado, que tienes, no llores por favor, ya estoy aquí, en mis sueños me has llamado y aquí estoy no se como, pero he venido a verte, que feliz me siento de estar contigo aquí, ahora.

Mis ojos llenos de lágrimas hicieron llorar aun más a mi querida amiga, estaba irreconocible, pero no quise verla de esa manera, así que me la imaginaba con su rostro bello, alegre y sonriente. Ella me abraso y no me soltaba, me decía Diego, Diego, porque no has venido antes, por que te desapareciste así, he necesitado tanto de tu compañía, ¿Por qué Diego? ¿Por qué?, te he llamado casi un millón de veces, te he tenido en mis pensamientos, quería verte, por última vez, antes de que me vaya, asustado le dije,- pero por que me dices esas cosas, cálmate te vas a poner bien-, luego me tomó de la mano, la apretó con las pocas fuerzas que tenia, y me dijo, - Diego, he esperado este momento por mucho tiempo, te he llamado con mi pensamiento durante muchos años, quería ver en ti los recuerdos tan bonitos que pasamos cuando éramos  jóvenes, quería experimentar esa sensación de ser feliz nuevamente, para no sufrir ya más de lo que ahora lo estoy sintiendo, quería un cambio, y tu eras la única persona en la cual deposité toda mi confianza, por que eres el mejor amigo que he tenido, solo  quería decirte gracias por los hermosos momentos que hemos compartido de muchachos, gracias por que hemos reído y quiero que esa risa nos dure toda la vida y esa alegría de vivir la sintamos hasta el último momento de nuestras vidas, gracias Diego, mi amigo confidente, el mejor chico que he conocido en mi juventud, y sabes, por eso te he llamado todo este tiempo, para que sepas cuanto te he extrañado también, somos dos personas iguales, y sentimos igual tan profundamente las cosas que yo se en este momento que estas muy triste como yo, pero nunca olvidaremos que nuestros cumpleaños eran seguidos, primero el mío el 27 y luego el tuyo el 28, todavía recuerdo, que cuando daban las doce de la noche del 27, y en mi fiesta , tu decías a todos, a partir de este momento celebramos mi cumpleaños, y te apoderabas de mi fiesta, eso era divertidísimo, y me gustaba mucho porque compartíamos tantas cosas y nuestros cumpleaños eran lo mejor, ahora solo me queda esta alegría de haberte visto y decirte esto que antes no te he podido decir, gracias Dieguito lindo, ahora si me puedo ir, el dolor de mi cuerpo ya desapareció, creo que ya es hora, ¡oh! Por favor no llores, no te quiero ver así, este es un momento de felicidad para mi, y tu debes estar también feliz porque nos hemos reencontrado, hemos retrocedido en el tiempo, y ahora nos estamos despidiendo, quiero que tus lágrimas sean de alegría, porque has podido venir a despedirte y yo a decirte lo que en tantos años no pude hacerlo, chau Dieguito, algo me esta pasando, siento  como que me alejo, ya no te veo , solo siento tu voz, adiós, adiós, chau amigo, no me olvides nunca, y no llores por favor, chau, chau, hasta siempre,- me quedo mirando y sus ojitos parecían como una vela que se iba apagando, se iba yendo esa luz brillante de sus ojos hermosos, pero ya no se veían tristes, hasta que se fueron haciendo un poco mas grandes, y su mirada ya no me miraba, el infinito se había apoderado de ella, y su almohada se hundió un  poco lo que me dijo que ya se había ido .
No pude soportar ver ese instante en que la vida se va apagando, y lloré y lloré mucho, porque Adelina era  la amiga mas linda del mundo y me dolía en el alma que en ese momento se haya ido, y lloré mucho por que también me ofreció la ultima sonrisa, la que da una amiga sincera, se fue  con alegría, por este encuentro, y yo quede, casi destrozado de dolor. Mi amiga, la mejor de mi vida, se fue, tomándome la mano y  esa unión me pareció una promesa, quererla siempre y jamás olvidarla, murió y en el último día de vida sentí que se fue feliz.
Ese fue el llamado de ella, por eso llegué al hospital para cumplir con una promesa de amigo, amigos para siempre, en donde estemos. No se que pasó realmente, si éste fue un verdadero sueño, o un sueño verdadero. Solo Adelina lo sabe, porque también sabía que había soñado trabajar con jóvenes, y ellos eran muy jóvenes, y buenos chicos, y yo se que ella los  cuidará siempre como una buena amiga. 
La tarde se fue apagando, y el cielo se iluminó de estrellas muy brillantes, algo raro en Lima, pero empezó a ser una noche maravillosa, porque una amiga partió y un ángel  bajó para nunca jamás dejarnos.

En un día como hoy 22 de noviembre del 2014
                        
                           HEGO ARRUNÁTEGUI  ESPINOZA