LA ESTACIÓN DEL BUS
Dieron las doce de la noche de aquel viernes que terminaba casi sin darme cuenta y lamentando que haya sido "tan corto" pues así me lo pareció, pero, mi mente no quería saber nada mas, sino solo recordar, que era el final de un gran día y de una exquisita felicidad que me hizo sentir como un muchacho de dieciséis años que esperaba siempre el día siguiente para seguir siendo feliz a su manera. Me sentí así, feliz en el albedrío de esos años jóvenes sin responsabilidades todavía, pero, con una ganas tremendas de buscar nuevas experiencias.
Era el amanecer de un día primaveral, un mes había pasado desde ese veintitrés de septiembre de inicio de esta bella estación, me dormí pensando como fue el día anterior, me costó dejar de pensar en ese hermoso viernes, como olvidarlo si fue un día con un bello amanecer y gran brillo solar, que hacía ver las calles con unos colores excelentes que te invitaban solo a disfrutar de aquel día, en el que solo sentirías felicidad.
Ese día salí de casa directo al paradero para tomar el bus que me llevaría a mi trabajo, era un paradero común pero ese día estaba "lleno" de personas que por sus formas de vestir era natural que estuvieran vestidos de acuerdo a cada responsabilidad del trabajo que tenían, había una chica, que ya la "conocía" pues casi todos los días compartíamos el mismo paradero, solo nos mirábamos para saber si cada uno estaba allí a su hora, ella siempre vestía elegante, era una elegancia que la distinguía mucho de las demás chicas que allí esperaban, siempre vestía con falda corta, un saco o una chompa, casual pero, elegante, que la hacía ver como toda una princesa, muchos la miraban, pero, yo más, incluso las demás chicas que estaban también en ese paradero volteaban a mirarla, porque ellas siempre llevaban uniforme, el clásico sastre con tela de terno de hombres, con su chalequito para el frío en plena primavera.
Su rostro era bello, de facciones delicadas, hermosos ojos grandes almendrados que solo los tienen las latinas, resaltaba en ella sus cejas, tenían una curvatura tan delineada que parecía que la habían pintado y ella se las puso para completar ese bello cuadro de hermosura humana que me tocaba mirar todas las lindas mañanas, ella tenía un perfil embrujador que resaltaba mucho su linda naricita, un tanto curvada y unas mejillas casi color rosa, que hacían un bello cuadro con sus labios pintados de un bello color rojo que resaltaban el corazoncito que se formaba al centro de sus labios, lindo su corazoncito, pensaba.
La observaba para mirarla de frente a los ojos, pero, ello solo sucedía cuando segundos antes de abordar su bus, daba un elegante, fino y suave giro, con una pequeña sonrisa en la comisura de sus bellos labios rojos, era allí, en donde por milésimas de segundo podía admirar sus encantadores ojos, que eran como si te hablaran, y me decían, chau, hasta mañana,y yo encantado con ese desborde de coquetería permanecía casi como pegado al suelo como para no permitir que esos hermosos segundos de mirada no se esfumaran de mi mente tan rápido.
Permanecí algunos minutos en ese paradero creando una y mil fantasías con aquella chica de los grandes ojos almendrados, que ya se había marchado, pero me dejó la sensación de haberla conocido en algún otro lugar, sin embargo, casi presionaba a mi memoria que recordará, y aún así nada, habrá sido en otra vida, me dije, y desperté de aquellos minutos de tierna felicidad para subir al otro bus del metro con su mirada en mi mente.
El bus avanzaba raudo y las conversaciones de la gente en ese interior eran de las más diversas, todos a un destino casi común, el centro de labores, o de estudios, pero cada uno tenia su propio mundo y quizá, también sus propias fantasías y sus propias preocupaciones. Pero, de repente, Oh, no, me había pasado de mi paradero, eso nunca me ocurría, pero, era una realidad, tanto pensar en la chica del paradero que ya me perturbo y ni siquiera pensé en donde debía bajar, ah, no, pensé, eso si que no, creo que no es para tanto, esa chica estaba llenando mi mente con su linda sonrisa su mohín de coquetería, su bello rostro y su escultural anatomía, pensé y me dije, bueno regresaré al lugar de mi paradero y me iré a trabajar, eso si con la chica de la falda corta y hermosos ojos en mi mente ¿como la podía olvidar? si después de este día, solo tenia que esperar el inicio de la siguiente semana, para volver a esa locura de ver la belleza de una mujer en un bello rostro y esperando un nuevo amanecer, pero, para qué? solo para mirarla? creo que si, era eso, solo para mirarla.
Con un cuarto dominado por una luz penetrante me levanté sin ninguna premura, uy, que rico he dormido me dije, he soñado cosas tan bellas que hoy es un nuevo día y también hermoso, el sol se veía esplendoroso, entraban sus rayos por las ventanas y parecía que estaba en el paraíso, era una hermosa mañana de primavera, de esa estación que no me deja tranquilo y que me hace pensar y fantasear, pero de repente me dije, la chica del paradero! salté de mi cama y no sabía adonde ir , al ropero, no al baño, no, al comedor, caramba estaba nerviosaso, era la hora de salir para ver a la chica del paradero, corrí al interior e ingresé a la ducha, como alma que persigue el diablo, abrí la llave y el agua fría cayo como rayos de luz blanca en mi cabeza, cerré mis ojos y deje que la frescura del agua me despertara completamente, sentí esa rica agua correr por mi cuerpo como en cámara lenta, sentía sus gotas como cosquilleo en mi piel, era tan dulce aquel momento me me imaginaba haciendo lo mismo a mi chica del paradero, que? la chica del paradero, oh, no? me dije, apúrate, y salí mas rápido que bus del metro en paradero y volví a mi dormitorio, abrí la ventana, y de repente vi que al frente de donde vivía, se preparaban varios muchachos y gente ya adulta para jugar en la canchita que estaba frente a mi casa, que cosa? me dije, y a estos que les pasa, porqué quieren jugar un día como hoy, están locos! locos? no!! ellos no eran los locos, el loco era yo! y no era día de chamba, era domingo, si domingo, noooo!! no puede ser, se me esfumó la ilusión, en un día tan hermoso con un sol esplendoroso y a ella no la podría ver, una pena, era domingooo, así que de nuevo me eche en mi camita y a seguir esperando que se acabe el domingo, porque entre viernes y domingo, es como si hubiera pasado toda una vida.
Esperando que termine ese domingo ingrato, salí a comprar algunas cosas y sobre todo los diarios, o sea, todos los diarios, para tenerme muy ocupado y no pensar en nada más, lo divertido de leer todos los diarios era que hay varios con puras notas sobre farándula, que tal tipo de escándalos, increíble que con tantos problemas que tiene el mundo, los personales parecen más importantes. Pero dejando esto a un lado, salí a dar una vueltecita y calentarme un poco con los rayos del sol que iluminaban un día que en realidad si se veía de lo más espectacular, sin darme cuenta que el tiempo se pasó como "volando" y la noche me sorprendió con la calma el silencio y luego la inspiración de los sueños que se hacen hermosos y solo cuando despiertas vez que no son una realidad, fui directo a la camita y a esperar el siguiente día.
El ruidoso timbrar del teléfono dio inicio al nuevo día, que no se veía tan brillante, era un amanecer nublado, de cielo gris, clásico de los inviernos limeños, pero, este, no era invierno, estábamos en primavera y todo estaba gris, muy gris, no se veía un buen día con un clima de primavera ni como para decir, más tarde habrá brillo solar, no, hasta hacía un poco de frío en plena estación "caliente".
Sin embargo, a pesar de todo esto, sentía una extraña sensación y un corazón que me latía un poco más rápido, que era eso? no se, pero creo que era un estado ansioso, por esperar algo que estaba por empezar, y era a la chica del paradero, noo! para que lo dije, ahora todo empezó a ser más rápido, asearme, cambiarme, tomar desayuno, hacer una llamada y salir presto hacia la avenida y al paradero.
A lo lejos el paradero se veía casi lleno de personas, algo inusual, pero para mi no estaba tan lleno si solo buscaba a una persona, y allí estaba, de espaldas, con su porte elegante, alta, con su cabellera larga, muy lacia, muy bien peinada y con un vestido completo, sin blusa, claro, que caía por su cuerpo casi esculpiendo sus formas, si, era la chica del paradero, pero esta vez algo llamó mi atención, ya no llevaba la cartera debajo de su brazo, más bien observé que tenía una maleta de esas que se llevan al aeropuerto, con rueditas para jalar, oh! Dios mio, me dije, y ahora que pasará, era rara la situación fuera de todo lo común, de tantas veces verla parada esperando y ahora como si partiera para algún lugar lejano.
La observe cuidadosamente, hasta que ella se percató que ya estaba allí, dio medio giro, y pude ver su rostro en la inmensidad de su belleza, era muy bonita, ojos hermosos mirada "habladora" hermoso cabello bien cuidado lacio pero con ciertas hondas a los lados, su cabello no era negro, era un poco brillante, un tanto castaño claro, parecía que se lo había aclarado, y se veía mucho más hermosa, para mi sorpresa me sonrió, y me entregó en esa bella sonrisa toda la coquetería y sensualidad de una mujer, era una mirada y una sonrisa como para que me quedara en la mente, toda mi vida, su sonrisa mostraba unos bellos dientes muy blancos, casi perfectos y sus labios me mostraban abiertos ese corazoncito que parecía el suyo mismo. Ese medio giro se convirtió en un giro completo y me entregó la figura y la finura de una hermosa reina, no atiné casi a nada, estaba atónito, pero de repente
ella empezó a caminar hacia mi, y yo, petrificado, ya muy cerca me repuse de tamaña impresión y me dijo, Hola! con esa sonrisa cautivadora, y le respondí, hola! ella me dijo,creo que nos hemos visto por mucho tiempo, y tu me has mirado tanto como yo, y eso nos hace ya no solo conocidos sino desde ahora amigos, yo le dije, si, así es, cada mañana ha sido un despertar muy diferente, viéndote y esperando que algún día pasara esto, ella respondió y me dijo, si, a mi me pasaba igual, eres un chico muy especial, pero ahora solo quería despedirme de ti, pues, viajo al extranjero y no creo que regrese, pero no te olvidaré, te recordaré, y te recordaré siempre, como el chico del paradero, me quedé sin hablar por varios segundos y le respondí, oh, que pena, me había acostumbrado a verte todos los días, y si, eres como un sueño, un sueño hermoso, y parece mentira, pero, también te llamaba la chica del paradero, ha sido para mi un tiempo muy hermoso y ten la seguridad que nunca te olvidaré, y le dije además, te recordaré así, con tu bella sonrisa y tus hermosos grandes ojos almendrados, ella, me respondió y me dijo, yo he sentido lo mismo, si, eres un chico muy especial y ten la seguridad que no te olvidaré, y te recordaré siempre, como tu lo dices de mi, como el chico del paradero, y yo seré para ti, la chica del paradero, adiós amigo, adiós amiga, le dije, y espero volvernos a ver algún día, ella respondió ojala que sea así, dio media vuelta, giró para darme su última sonrisa y se marchó, y yo me quedé por siempre en mi corazón, con la chica del paradero.
En un día cómo hoy, 24 de noviembre del 2014
Hego Arrunátegui Espinoza
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